Ikebana
es un arte floral japonés milenario. Se unió a nuestra
vida, al principio, como un acto religioso que lo llamaban KUGUE, la
ofrenda de flores a Dios, a Buda y a los antepasados. A través
de la muerte, que es un hecho inevitable para nosotros, reconocemos la
existencia de un ser superior. Cuando nuestros antepasados querían
dialogar con el ser superior, era más fácil la comunicación
teniendo como mediadoras a las flores que están bajo la misma
lógica de vida, nacen y mueren, tienen una vida fugaz como nosotros.
Posteriormente, en el período de Muromachi (que
se corresponde en Occidente con los siglos XIV, XV y XVI) se fue separando
de la religión y se transformó en un arte decorativo que
lo llamaban TATEBANA.
En esta época salieron a la luz junto a Tatebana artes
tan importantes como la Ceremonia de Té el Teatro Noh y la Jardinería.
En aquel entonces Tatebana existía solo para nobles, samuráis y algunos
ricos, todos ellos hombres. Era un arte de minorías, de gente culta.
Finalmente a mediados del período de Edo (siglo XVII aproximadamente) se formó el nuevo estilo que es el Ikebana actual y se difundió rápidamente en la vida del pueblo.
En esta época surgieron escuelas. La Escuela Enshu
que es la nuestra se formó hace 400 años, conservando su
técnica y espíritu tradicional hasta hoy. Aunque a lo largo
del tiempo, se han ido desarrollando nuevos estilos de acuerdo con la
evolución de los modos de vida.
A finales del siglo XIX, los occidentales que visitaban Japón se interesaron especialmente por las representaciones curvilíneas de nuestra Escuela. Algunos de ellos publicaron libros sobre la Escuela
al regresar a sus países.
En aquella época salieron muchos grabados de Ukiyoe
hacia occidente e influyeron a los pintores impresionistas. La mayoría
de los centros de Ikebana pintados en los grabados de Ukiyoe eran de
nuestra Escuela. Estos arreglos florales compuestos con bellas líneas
curvas fueron novedosos y también tuvieron mucha influencia en
los arreglos florales occidentales de entonces.